
“No había nada más
fresco, más estilizado, más bonito que todas las partes del cuerpo
de esta encantadora muchacha, no había nada más elocuente que la
voz de sus pasiones, nada más lúbrico que su cabeza”
(Juliette-El marqués de Sade)
Últimamente tengo la
mala costumbre de llevar una vida prusiana llena de orden y
madrugadoras jornadas; pero las pequeñas anécdotas de la vida, me
hacen recordar que el placer y el sexo no se detienen fuera de la
monacal existencia que cada cual puede disfrutar o padecer.
Me gustaría señalar que
este sábado a las nueve de la mañana estaba despertando junto a un
cálido cuerpo desnudo de mujer, preocupado por si las fresas con
champagne del desayuno estarían o no en su óptimo punto ; pero la
realidad es que a esa hora, me encontraba pasando frio en una
solitaria parada de autobuses. En esa tesitura fue cuando el epílogo
de una noche se cruzó en mi camino.
Al fondo de la solitaria
avenida intuí una figura de mujer que en el desolado vacío
existente llamó inmediatamente mi atención; poco a poco aquella
mujer se fue haciendo más presente al irse aproximando hacia donde
yo me encontraba. Pronto detecte que aquella chica no estaba
iniciando su jornada sino más bien terminando su historia nocturna.
No hace falta ser
Sherlock Holmes para entender que aquella mujer estilizada de tez
morena, ataviada con un elegante vestido de encaje “blanco crudo”,
resultaba extemporánea en aquel lugar. Nadie lleva una indumentaria
sofisticada propia de una salida nocturna por la mañana, salvo claro
está ,que no se haya podido poner otra cosa o esté en el epílogo
de esa noche.
Como aquella aparición
cada vez estaba más cerca, me dispuse en lo posible a disimular mi
atención hacia ella ya que uno puede ser “prusiano” pero también
cumplir las normas de urbanidad. Para mi sorpresa, nada más llegar a
mi lado, la chica me hizo una pregunta prosaica pero a la vez muy
clasificadora de dónde venía y a dónde iba.
__ ¡Hola!, buenas. ¿No
sabrás el número de un taxi?
Con rapidez reaccioné,
recordando que como “hombre precavido”, llevo almacenado en el
móvil el número de una empresa de taxis.
Cuando le dí el número,
inmediatamente hizo uso de él y para mi desgracia en apenas un
minuto, aquella valquiria nocturna se montó en un taxi y desapareció
para siempre; y allí me quedé yo, pasando frio, esperando el
maldito autobús y embarcado en mis calenturientos pensamientos.
Aquella chica parecía
tener mucha prisa, sin duda la mañana la había mostrado que no solo
a Dinio “la noche le confunde”. Razones muy poderosas deben
llevar a una dama a lanzarse tan de mañana a la calle en busca de un
salvador taxi que la haga retornar a su hogar.
Si había pasado la noche
con alguien, deducción que yo suscribo, es evidente que ese alguien
o no era una caballero, o simplemente aún estaba dormido. ¿No es lo
más propio llamar a un taxi desde la casa donde se está?. Si una
mujer pasa la noche en mi casa, con independencia de como hayamos
ocupado esa noche, la mínima cortesía obliga a ofrecer un desayuno
o llamar a un taxi.
La experiencia propia que
aplico al caso, fue la ocasión en la que me desperté con el sonido
de la puerta de la calle cerrándose, anunciando la escapada de la
compañía nocturna.
Suele pasar que la luz de
la mañana, al levantar el velo de la noche, nos desvela también los
aciertos y los errores; aquella mujer de hermosas piernas y pelo
negro algo alborotado, cuando tomo el taxi, voló feliz hacia la
libertad de saberse fuera del alcance de los actos de la noche de
viernes.
Siempre me ha fascinado
ese momento en las mañanas de los fines de semana en los que
confluyen en un mismo tiempo y espacio dos planos existenciales
completamente opuestos: el de los trasnochadores y el de los
madrugadores.
El autobús y en mayor
medida el metro, son lugares donde se ve claramente como unos
regresan y otros van; dependiendo de las circunstancias, a uno le
gustaría estar en una posición u otra ya que ir y venir a la vez es
solo posible en estado de piltrafa humana.
La chica que inspira el
presente post era sin duda un hermoso búho capaz de calentar la
imaginación de esta alondra mientras especulaba sobre: ¿cómo
pasan estos búhos la noche?.
La noche es siempre un
tiempo mágico y por eso me fascina, pues si la vida no tiene
magia... ¿es vida?