
Después de unos meses realmente árido a lo que al escribir
se refiere debo reconocer que ahora me siento pleno de ideas y reflexiones
que me gustaría escribir en un infinito devenir de páginas; como si todo ahora
estuviera en plena germinación.
Una vez más he retornado a la relectura de las obras de Divino Marqués y no dejo de creer que
parte de su genialidad radica en su propia singularidad.
Como muy bien señala Kant en su Critica del Juicio. el genio
es aquel que pone medida al arte.
Uno puede aprender a pintar, y técnicamente ser perfecto y
sin embrago ser un pintor mediocre, la técnica se puede aprender, la genialidad
nunca.
Vivimos en un mundo ciertamente mediocre en el que hemos
perdido las referencias, pues gran parte del todo se basa en la técnica y casi
nada en el genio.
Y pese a lo que a priori se pueda pensar, todo ser humano es
un genio, si, un genio que quizás muera sin saber el mismo que lo fue.
Consideramos a las personas como si fueran máquinas de hacer y no genios que
deben crear....y así nos va.
En esta extraña tarde feriada en la que no se muy bien que
celebramos, en compañía de una delicada música de Albinoni y una copa de vino
siento después de mucho tiempo el latido del mundo, el latido de la historia,
el latido de la vida...
El hombre moderno vive tan rápido que es incapaz de sentir y
disfrutar aquello que le rodea, y en el sexo muchas veces he señalado que
esta máxima es más que real, es una
plaga.
Hay una frase genial en la película de “la Leyenda de la
Ciudad Sin Nombre” que me encanta. Cuando empiezan a irse los mineros el
alcalde señala que hay dos clases de hombres: los que se van y los que se
quedan. El protagonista señala entonces: no, hay dos clases de hombres, los que
saben donde van y los que no.
Ese es el quid que la cuestión, en mi modo de ver y sentir
la vida nunca sabemos a donde vamos y por más que lo intentemos nunca lo
sabremos, de forma que nos queda disfrutar el presente pensando en el futuro, pero nunca “perder” el presente ni “ganarlo” puede ser excusa.
Creo que la gente trata de estar tremendamente ocupada y
estresada para evitarse el problema de tener que pensar, a lo que ayudan los
medios que nos les interesa que la gente piense... con uno que lo haga basta.
Todos conocemos gente muy ocupada sin
tiempo para poder ni tan siquiera respirar, y al final llegará un día incierto,
hoy, mañana, dentro de medio siglo.... en el que sus interesantes ocupaciones
concluirán como lo hace mi copa de vino.
Sacrificar la felicidad presente por la felicidad futura
pienso que es una barbaridad, otra cosa es aceptar privaciones presentes de
cara a abundancias futuras, pues esfuerzo y privaciones no son incompatibles
con la felicidad. Muchas veces se es mucho más feliz buscando la meta que
atravesándola.
Las personas terriblemente ocupadas buscan en otras la
coartada para justificar que están terriblemente ocupadas, y de esta forma todo
se retroalimenta hacia el absurdo de una vida “muy ocupada”.
Me encanta una frase que saque del libro “Ojalá fuera
cierto” en el que su protagonista dice: “Es gracioso, porque la única vez
que fracasé en algo por completo me divertí más que nunca en mi vida, Reservaba
mi vida, para después. Solo que...Nunca pensé que no habría un después”
A todo aquel que me lea estas líneas le pido que reflexione
sobre lo que trasciende de esta frase. Nos se trata de defender un
alocado hedonismo, se trata de defender la vida y el derecho a ser felices, y
la felicidad solo esta aquí y ahora, en el presente, no en el pasado ni en el
futuro.
Si dentro de una semana tenemos planificada una perfecta
noche de sexo, no demos por perdido el día de hoy ni los próximos siete días,
la espera del futuro es la muerte del presente.
Disfrutemos de la copa de vino mientras está en nuestras
manos, que el mañana traerá su afán...