
Me despierto para dormir y lo hago
lentamente.
Siento mi destino en lo que no puedo tener
Aprendo
yendo a donde tengo que ir
Estas sacudidas me mantienen firme.
Yo
debería saberlo.
Lo que se va es eterno y siempre está cerca.
Me
despierto para dormir y lo hago lentamente.
Aprendo yendo a donde
tengo que ir
Hace unos días en una conversación
me preguntaron: ¿Cuál sería tu modelo de mujer?.
Esta pregunta, en apariencia simple,
encierra muchos e interesantes aspectos que la respuesta nos rebela
de la persona.
En el fondo todos tenemos más o menos
definido un modelo de persona, tanto en el plano físico como en el
mental, que nos gustaría encontrar; podemos incluso tener varios
modelos pero ese ideal indudablemente existe en nosotros.
Se entiende así que un hombre tenga
por ejemplo, un especial agrado por las rubias, otro por las de
amplias caderas, otro por las delgadas, otro por las de ojos negros,
otro por los grandes pechos...
Incluso juntando el modelo predominante
de “hombre o mujer ideales”, la misma sociedad crea un
estereotipo general.
Yo me centraré no tanto en las
respuestas, como en la aptitud abierta o cerrada que hay en las
mismas; si bien la aptitud respecto a este modelo ideal es igualmente
variada y va desde la más absoluta ( y tonta) intransigencia, al
simple referente de un etéreo modelo que no impide valorar el
contrario.
Respecto al modelo moral o psicológico
de persona, al ser la definición mucho más etérea y difusa que la
física, en el inicial conocimiento de una persona resulta menos
importante en la mayoría de los casos.
Así, pensando sobre este asunto he
llegado a la conclusión de que verdaderamente lo importante no es el
“ideal de persona” o el “modelo” que nos hemos creado sino la
aptitud que tenemos en la búsqueda de ese modelo y como llega a
mediatizar nuestra relación con los demás.
Quien busca una morena y encuentra una
rubia, dependiendo de esa aptitud ante el ideal aprovechará la
oportunidad que se le presenta o bien directamente renunciará a
ella.
Limitar “a priori” nuestras
relaciones sobre la base de una simple inclinación del gusto, desde
luego me resulta ahora que lo he razonado, sumamente infantil. En
este mundo se puede ser idealista en el pensamiento pero serlo en los
fenómenos no tiene sentido.
Incluso hay veces que elegimos
“anti-modelos” y estos nos sorprenden muy agradablemente y
además, tienen algo que nuestra “ mujer u hombre ideales” nunca
tendrán: son de carne y hueso.
¡Cuántas veces atrapados por sueños
e ideales perdemos la conciencia de las oportunidades que nos
rodean!.
La perfección no existe, las
relaciones son para gente realista lo bastante lista para abrir sus
mentes y corazones y saber que una relación verdadera es una
fantasía definitiva.
Yo mismo he tardado mucho en llegar a
tan sencillas conclusiones, pero finalmente mi “mujer ideal” se
ha marchado y libre de ella he podido encontrarme a mi mismo. Esto
también es libertad.